¿Has tenido alguna vez un sueño tan real que al despertarte no sabías que creer?
¿Qué harías si lo que pensabas que era cierto, no lo es? ¿Y si lo que pensaste que no era verdad, lo fuera?
¿Olvidarías tus sueños con la esperanza de encontrar una realidad más perfecta?
Cada día tengo más claro que nuestros sueños foman parte de nuestro yo más profundo. Es en ellos donde sacamos a la luz aquello que no queremos reconocer, aquello que deseamos o aquello a lo que tenemos miedo.
Son una mezcla entre fantasía y realidad. En algunas ocasiones preferimos que sólo sea eso, una fantasía; sin embargo, muchas otras veces nos gustaría que se tratase de algo real. Es por ello que nos pueden pasar dos cosas respectivamente, despertarnos de un golpe con sudores fríos o por el contrario, luchar contra el subconsciente para no despertar nunca.
En cualquier caso, la mayoría de nuestros sueños son el resultado de lo que uno piensa cuando se acuesta. Parecerá una tontería, pero es por ello que cuando somos pequeños nuestros padres nos dicen que pensemos en cosas bonitas.
Lo que hacemos es pensar en algo bonito que nos ha ocurrido, modificar algo bonito que nos ha ocurrido haciéndolo aún mejor, o simplemente, crear la mejor realidad posible que podría existir para cada uno partiendo de la nada.
Algunas veces la vida resulta más extraña que los sueños y la única manera de despertar, es enfrentarnos a las mentiras que escondemos en nuestro interior. Sólo nos queda la esperanza de que en los momentos más oscuros no estemos solos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario